martes, 7 de junio de 2011

El sátrapa cayó


En Síntesis…
El sátrapa cayó
 
[Foto: Internet]
Vinicio Portela Hernández
El hombre que se creía inalcanzable ya cayó, Pablo Salazar Mendiguchía se encuentra en manos de la justicia estatal.
Su detención no pudo ser más adecuada, el 7 de junio, día de la libertad de expresión, uno de los derechos que más vulneró en el sexenio del ídolo de “SoloYo”, ahora sirve de marco para su detención en el aeropuerto de Cancún, Quintana Roo.
El sátrapa, como lo calificaban sus adversarios, cuenta con más de seis averiguaciones previas en la Procuraduría del Estado, los primeros informes adjudican su detención por el delito de peculado, sociación delictuosa, abuso de función pública y uso indebido de función pública, en perjuicio de Chiapas.
Aún cuando los primeros informes indicaban que fue asegurado por la policía federal, otros aseguran que la detención se llevó a cabo por parte de elementos de la Procuraduría General de Justicia del Estado, según los acuerdos interinstitucionales con los que cuentas cada entidad federativa.
Uno de los delitos que justifican su detención del ex mandatario estatal es el de peculado, por un monto de más de 104  millones de pesos, pero la sociedad chiapaneca lo acusa de haberse robado más de dos mil millones de pesos, recursos que serían destinados para la reconstrucción luego del desastre que dejó a su paso el huracán “Stan” que afectó diversos municipios de Chiapas.
Hace apenas unos días, Pablo Salazar acusaba al gobierno de Juan Sabines de robo a uno de sus inmuebles, según el dicho del ex gobernador, se sustrajo un “panfleto” donde informaba sobre la reconstrucción en su administración. Nada fue cierto, nada fue ratificado, al parecer todo fue mentira.
Antes del cierre de esta columna, el ex gobernador era esperado en el aeropuerto internacional de Tuxtla Gutiérrez, para ser presentado ante la justicia local.
Cabe hacer mención, que en la gestión de Pablo Salazar el ejercicio periodístico fue cuartado, de tal manera que muchos medios de comunicación desaparecieron.
Uno de ellos, resistió el embate, el periódico Cuarto Poder se mantuvo, pese a la sin razón del gobernador en turno.
Salazar Mendiguchía, pretendía cerrar ese medio de comunicación luego de que en campaña electoral se le descubriera una de sus tracalerías más publicitadas, que la documentación de su licenciatura como “abogado” era apócrifa, en ese momento no pasó nada, lo único que demostraba era la falsedad de sus dichos, que demostraba su desinterés y su falta de compromiso con el pueblo chiapaneco. Un engaño pues.
En ese entonces nada pasó y su reinado de “obscurantismo” permaneció.
Hoy ya se encuentra ante la procuración de justicia, a unos centímetros de la justicia federal y estatal, aquel quien se le consideraba imputable, hoy en día se encuentra en la antesala esperando a que un Ministerio Público tome su declaración preparatoria y ser posiblemente arraigado.
Demasiados delitos se le pueden adjudicar al gobierno de Pablo Salazar, tantos que muchos chiapanecos hasta harían cola o sacarían ficha para demandar al ex mandatario.
Pero una cosa debe quedar muy en claro, el aseguramiento de Salazar Mendiguchía es en estricto apego al estado de derecho y no como lo han tratado de deformar.
El descontento generalizado y las miles de personas afectadas por su gobierno confirman que no hay una cacería de brujas, como lo trató de disfrazar “Pablo”, sino son verdaderas imputaciones tras un gobierno corrupto y represivo como fue el sexenio pasado.
Hoy el brazo de la justicia alcanzó al “sátrapa”, adjetivo con el cual lo conocía la familia Conrado de la Cruz a Pablo Salazar y el cuan se lo ganó a pulso después de una persecución atroz contra el periódico Cuarto Poder, sus directivos y colaboradores.
El pueblo de Chiapas no puede recordar ninguna buena hazaña de la administración pasada y los periodistas evocan los inicios de la ley mordaza, donde se penalizaba la difamación aún más que la misma evasión de presos y que ese ordenamiento tenía dedicatoria a la organización del Cuarto Poder, tanto como empresa así como gremio.
Pablo Salazar odió siempre la crítica, como hombre omnipotente su dictadura se caracterizó en la imposición de ideas y cancelar la libertad de expresión.
Aquel a quien creían inalcanzable cayó, pese a su solvencia económica, pese a sus amarres con los grupos de poder evangélico y mafias, pese a la compra de espacios publicitarios a nivel nacional, pese a sus amarres con ex Presidentes de la República y aspirantes a la gubernatura.
Hoy Pablo, el “sátrapa”, es uno más, un delincuente esperando su proceso, un represor al aguardo de un juicio, o como dice la “vox populi”, el carnicero de antaño, es el “cochi” de ahora.
El pueblo de Chiapas está decioso de la aplicación de la justicia, Pablo Salazar fue asegurado, el Ministerio cumplió su cometido, ahora falta el Poder Judicial que complete la tarea que tanto ha soñado la sociedad, que pague Pablo Salazar por sus fechorías.
Terminé
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