domingo, 17 de febrero de 2013

La primera edición de la Revista Asfalto Radio


La primera edición de
la Revista Asfalto Radio
Vinicio Portela Hernández
Me siento muy honrado, el pasado fin de semana tuve la oportunidad de iniciar con un proyecto que lo tenía guardado desde la universidad.
La Revista Asfalto Cultura Urbana desde hace unos años es una de la plataformas por Internet que ha mostrado parte del arte callejero de nuestro estado y desde el 2010 a tenido la preferencia de los internautas con casi 93 mil visitas al sitio web revistaasfalto.mex.tl y llegando al límite de los amigos en Facebook con más de cinco mil.
Gracias al apoyo del Doctor Rodolfo Calvo Fonseca y Hugo Calvo Fonseca, esta iniciativa cultural llegó a la radio a través de La Nueva, Radio Cultural Informativa, por el 94.7 de la Frecuencia Modulada. Y ahora estaré todos los sábados a las cinco de la tarde compartiendo dos horas de música de los creadores chiapanecos y temas como el rock, hip hop, graffiti, tatuajes, perforaciones, entre otros, los cuales son expresiones que se están dando ya en nuestra entidad.
Por ello, quiero compartir lo que llamé la primer editorial de la Revista Asfalto Radio, donde trato de explicar el por qué de este proyecto radial.

Editorial Asfalto
Los  antiguos decían que una cultura se desarrollaba cuando la pintura, la música y las expresiones artísticas tomaban el carácter de general y eran apreciadas por todos los ciudadanos.
Las ciudades con su estilo, sus colores, sus ruidos son parte de la monotonía con la que aprendemos a vivir, a coexistir.
Pero estos colores, estos ruidos toman forma, se dilatan, consumen el medio ambiente, los transforman y como si fueran capullos de mariposa, cada primavera, o a veces invierno, estas cápsulas biológicas explotan y adquieren una nueva textura al campo urbano.
No es un error, hay mucho campo en la ciudad, se expresa diariamente, se transcultura. 
El asfalto está rodeado completamente de tierra, se saborea al caminar por una avenida y cuando se llega al barrio, ese chapopote se desintegra dejando paso al polvo, a la pobreza.
Y no hay nada extraño, el concreto no puede ser tan infinito como la naturaleza, pero en esa raya, en esa playa entre el asfalto y la agonía de las ciudades, ahí presente, en lo que no es nada y está todo, ahí estamos lo que no pertenecemos a nada, ahí convivimos lo que despreciamos la monotonía de la realidad impuesta por campañas de belleza, por estilos de existencia comprados a 12 mese sin intereses.
Pero cómo se puede debatir con lo que es cotidiano, lo que para la sociedad es puramente normal.
No hay forma de quitar lo establecido, lo que ya está se queda. La física es una de las ciencias que me enoja más por no poder romperla, nos indica que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio, y ese espacio hay tiempo y en ese tiempo se establece lo cotidiano en la sociedad.
Esa física no aplica para los que estamos entre las playas del ser como quieren que seamos y como deba ser.
Un día escuché decir que no hay forma de cambiar al mundo y lo comprobé a punta de golpes. No hay forma de hacerlo, los poderosos son poderosos, los jodidos somos jodidos. Pero también se pude apreciar que en esa física maldita y aterradora, también nos indica que la energía no se crea ni se destruye solo se transforma.
Así que decidí desde ese momento que era tiempo de autotrasformarme, de dejar a un lado la idea inútil de buscar cambiar al mundo, ese pinche mundo que sólo me había dado la espalda y que a punta de trancazos me había podido hacer un camino y muchos puentes para poder sobrevivir.
Pero gracias a esa búsqueda me encontré a otros peregrinos de la sociedad que no pensaban como yo, pero que tenían el objetivo firme de no ser como los demás. Ese estado de no ser común y corriente es el que quería conquistar.
La formula maestra de no pertenecer a lo cotidiano pero ser respetado por lo que pienso, por lo soy.
Es así que ese desarrollo de las ciudades que mucho comentaban los expertos en la historia se dio espontáneo, no como el big bang que los estudiosos de la física aludían, sino como esa implosión de conciencia que me dijo seriamente que lo “mio lo mio” era el interior, que el alma aferrada a ese cambio social no estaba en las demás personas, sino en mi propia yo interno.
Y ese cerrar los ojos al espacio, al entorno, me dio la entrada al universo eterno de los incomprendidos, de aquellos que prefieren mil veces decorar su piel por el amor perdido y escribir en la epidermis esa historia tal cual fuera un diario.
Ser de esos seres irracionales que no entienden de moda pero sí de estilo, que están seriamente perturbados con no seguir las pautas que señala Cosmopolitan.
Pero esa irracionalidad esta presente en todos lados, irracionalidad que convierte una anécdota en una melodía de música. Una lata en un mural subrealista. Un amor en un lunar y una decepción en una poesía, en rimas.
Eso es este proyecto, enseñar qué hay en los límites del Asfalto, de dar voz a los que están restringidos por las normas sociales. Claro está que no busca educar, pero sí poner en un exhibidor todas las propuestas de los incomprendidos, de los que hasta ahora sólo han recibido más que desaliento por seguir sus sueños.
No somos los lacrimosos del cuento, esta no es una telenovela, es la realidad que impera en las ciudades, en nuestros barrios, entre la pobreza y la riqueza, esta falta “de qué se yo”, pero que nos hace falta, que nos ahoga y cuando encontramos “eso” nuestro destino nos deja respirar el aire puro de la cultura urbana, del arte callejero.
Esas expresiones están aquí, sumergidas para que las palpen, las degusten y las disfruten. Hoy es tiempo de no temerle a lo desconocido, porque a esta enciclopedia humana no se le debe juzgar por su facha, los aretes o sus tatuajes, se le debe apreciar, porque ante cada tesis hay antítesis y eso somos nosotros, los incomprendidos, los inmorales, los rebeldes.
Somos revistas asfalto radio.