viernes, 13 de diciembre de 2013

Caín Amarte hasta las entrañas

Pequeñas crónicas de la crisis...

Caín
(Amarte hasta las entrañas)

Vinicio Portela Hernández
A veces hay que escoger entre muchos caminos, ser bueno, ser malo son dos opciones que diariamente se debaten en la conciencia de las personas, hay otros que son obligados por el destino por una tercera: sin remordimientos.
Caín vivía en la tubería que abastece de agua potable al norponiente de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, siempre está solo con sus pensamientos a pesar de ser un adolecente de 15 años nunca se ha permitido tener un amigo, alude que siempre está ocupado trabajando acarreando arena y cemento para la fabricación de blocks o desmontando terrenos baldíos.
Desde los 5 años Caín se ha valido por sí mismo, fue hijo único de una familia miserable, su madre se dedicaba a la prostitución y su padre era un albañil alcohólico, ambos fallecieron cuando el muchacho tenía apenas 8 años de edad, fueron encontrados en estado de putrefacción en unos terrenos abandonados a tras de la colonia Zapata.
Noviembre es el peor mes para Caín, pues el día de muertos le trae recuerdo de sus padres, los añora y desde entonces se refugió entre los matorrales que sobreviven alrededor de la tubería del agua potable.
Los frentes fríos le hacen padecer, con una pequeña colcha maltrecha tapa sus largos brazos que le llegan a tocar sus rodillas, están llenos de cicatrices a causa del trabajo, por esa razón es que lo conocen en como el Orangután.
Su cabello complementa su apodo, totalmente enredado, sucio y gris por tanto cemento que se ha pegado y que con la lluvia se encuentra ceñida al grado de que con las altas temperaturas, que imperan en la ciudad, ah permitido que se le hagan hecho surcos donde viven piojos y liendres.
Es domingo por la mañana y Caín resistió el frío amanecer que dejó caer una leve llovizna, esta vez la colcha no soportó el clima y dejó pasar toda su furia sobre el maltratado cuerpo del joven.
Con los ojos llenos de lagañas pudo observar, en el camino que lleva a la colonia Las Águilas, un grupo de muchachos que se reunían en la Iglesia del Divino Niño Jesús, los conocía de vista ya que era la vía que utilizaba para llegar a la fábrica de blocks que está en frente al CBTis 144.
Todavía somnoliento escuchó una voz de mujer que le gritaba: -¡Orangután!-, y dirigiéndose a su grupo les señaló: -ya ven, ahí es donde vive, se los dije, debe estar muerto de frío y hambre-.
Caín se encontraba acurrucado bajo la helada tubería sin moverse, mientras que los jóvenes lo rodeaban preocupados por ver las condiciones de vida que llevaba el Orangután.
Entre ellos platicaban, asegurando que el Padre tenía razón, que sería bueno ayudar al muchacho de esa espantosa forma de subsistencia que tenía. Entre todos dejaron algo, traían comida enlatada, galletas, agua embotellada, un par de colchas y un gran tramo de naylon para construirle un pequeño refugio.
El orangután no se movió de su lugar, pensó que se trataba otra vez de un sueño y disfrutó observando cómo los jóvenes realizaban su labor, felices y cantando alabanzas como las que se escuchan en las Iglesias cuando hay misa.
Terminaron su trabajo y se dispusieron a irse, Adela, quien era la más pequeña del grupo, una niña de tan solo 11 años se rezagó y le tocó el pelo duro de Caín y con voz suave se despidió: -espero que te sirva lo que trajimos, el Padre Pedro nos hablo de ti y mañana te conseguiremos ropa para que te puedas cambiar y nos acompañes a la capilla para orar por ti Orangután-, a lo que replicó diciéndole: -me llamo Caín- agarrándole la mano.
Un poco asustada Adela de un brinco se paró y alcanzó corriendo al grupo que ya le llevaba varios metros de distancia, mientras que Caín cerró los ojos y siguió durmiendo.
La luz del sol de medio día, que chocaba con su cara, despertó al joven, incrédulo se acercó hacia el alimento que le habían dejado, no era un sueño, era real, los muchachos de la iglesia le habían dejado comida pero esa dicha se convirtió en tragedia, se habían olvidado de dejar el abrelatas que se encontraba dentro de la mochila de Adela.
Con piedras rompió uno de los recipientes metálicos sobre la ancha tubería y como si se tratara del más esquicito manjar lamió toda la estructura sin dejar rastro de su contenido. Ya en su casa. Adela se dio cuenta de su error y buscó una solución para enmendar el descuido.
El lunes por la tarde, los jóvenes se reunieron en la Iglesia del Divino Niño Jesús, cada uno de ellos llevaba algo para Caín, el Padre Pedro supervisaba las cosas: varias playeras, dos pares de tenis, cuatro chamarras, un pantalón de mezclilla, una colchoneta y hasta una tienda de campaña vieja pero recién reparada, también llevaban más galletas y agua.
Muy preocupada la mamá de Adela llegó ante el religioso y le comentó que no encontraba a su hija desde la mañana, sus amigos al escuchar esto se propusieron buscarla pero calló la noche y no pudieron hallarla.
Al siguiente día al amanecer, los muchachos ya se organizaban con el Padre para reanudar la búsqueda. Luego de 12 horas infructíferas, Santiago, el mejor amigo de Adela decidió ponerle saldo a su teléfono celular y al momento de activar el internet le llegó un mensaje de Whatsapp, era precisamente Adela que le escribió: -soy retonta, se me olvido darle el abrelatas, me acompañas a dejarlo-.
Santiago corrió con sus amigos, les dijo lo sucedido y rápidamente se encaminaron hacia la tubería de agua potable, poco antes del ocaso, el grupo llego al refugio improvisado, vieron las piernas de Caín inmóviles abrieron poco a poco el naylon y observaron que el muchacho retozaba su rostro en el vientre de Adela y en ese momento una nube de moscas salieron del interior del plástico que los hizo jalarlo de golpe  descubriendo el cuerpo de Adela destrozado por el propio abrelatas, las vísceras de la niña teñían de rojo la tierra y las piedras de su alrededor, dejando a los presentes en shock al ver tan dantesca escena.
Caín volteo el rostro poco a poco y con sangre coagulada en una de sus mejillas estiró el brazo y le dijo al religioso: -Es como me acariciaba mi mamá, es como me acariciaba mi mamá-. Una risa hueca salió de las fauces del orangután y sacando fuerzas de la tristeza, el Padre Pedro levantó una gran roca que la estrelló en la cabeza de Caín, los jóvenes replicaron el ejemplo, no dejaron de golpear al joven hasta que ya no se escucharon más gritos.
La noche cayó y en la obscuridad enterraron a los cuerpos bajo la tubería, más tarde en la Iglesia se rezó un Rosario, los chicos se confesaron y comulgaron, se postraron ante la imagen del Divino Niño Jesús y sin remordimiento y angustia en sus ojos, prometieron que nunca nadie sabría lo que había acontecido.

La madre de Adela todavía la sigue buscando en compañía de sus amigos que tiene la esperanza de encontrarla aún cuando sea mucho tiempo después.